
Por Juan Domingo Perón.
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Continuando con la publicación de Conducción Politica, Clases magistrales dadas por el Tte. Gral. Juan Domingo Perón, ofrecemos este capitulo titulado "El método de la Conducción". Atento a las solicitudes que se han recibido, informamos que este material didáctivo se encuentra disponible en CD, que pueden ser solicitados a Grito Peronista, Los mismos se envían sin cargo alguno a las organizaciones politico-sindicales, centros de estudios políticos y unidades básicas.
El método es indispensable
Es indudable que siendo la conducción todo un sistema de acción –porque
no es otra cosa sino un sistema de acción que coordina perfectamente la concepción y la acción y, por otra parte, establece los grandes principios que dan unidad a la concepción y unidad a la acción, y pone en correspondencia a los elementos directores de la conducción, vale decir, al conductor mismo con los intermediarios de la conducción, que son las fuerzas destinadas a encuadrar la organización, y luego, con el elemento básico de la conducción que es el pueblo– es indispensable recurrir a un método.
El método hace racional la conducción
El método no solamente tiene por objeto dar racionalidad a la conducción, vale decir, hacer una conducción racional, sino también posibilitar que la conducción
no pivote sobre el conductor, para que las fuerzas de la conducción y las antagónicas a ella, en su juego de acción y reacción, no choquen y accionen en forma directa sobre el conductor, sino que haya filtros intermediarios que, imbuidos de esa conducción mediante el método, puedan destruir las fuerzas de reacción de la conducción misma, en forma tal que éstas no accionen sobre el conductor, sino sobre esos filtros intermediarios, que están representados por los agentes de la conducción, es decir, los elementos directivos que, al servicio
de la conducción superior, conducen las partes.
Acción estratégica y acción táctica
En toda conducción es necesario distinguir dos clases de acciones. Una, de acciones que obedecen a la conducción de conjunto, lo que llamaríamos en política la conducción estratégica, o sea la conducción total. Y otra, que llamaríamos la conducción de las partes, es decir, la conducción táctica. En este sentido, aplicada la conducción a la política, la estrategia busca dominar a los adversarios de conjunto, y la conducción táctica prepara el éxito de la conducción estratégica, dominando local y parcialmente en la lucha de las partes; si la conducción táctica da éxito, prepara el éxito de la conducción estratégica. Esto es indispensable para establecer un método.
El mismo método para ambas acciones
¿Cuál es el método de la conducción estratégica y cuál es el método en la conducción táctica? Es exactamente el mismo método. Sobre esto poco nuevo podemos decir; las acciones de los hombres tienen dos orígenes: uno que nace en la intuición de los hombres y otro que se afirma en el raciocinio, es decir, en la racional concepción de las cosas. El método intuitivo da una pequeña parte que en la conducción no hay que matar. Pero el raciocinio da, verdaderamente, la base fundamental del método. Uno ve entre los grandes conductores, muchas veces, hombres casi analfabetos,
que toman resoluciones verdaderamente geniales, impulsados por la intuición que llevan en sí. La naturaleza dio a los hombres una fuerza para reemplazar la falta de una cultura avanzada, que no tienen, en razón de no haber hecho una gimnasia intelectual permanente, para poner en juego su inteligencia. En cambio de ello les dio un bastón para andar, que es la intuición.
Intuición y raciocinio
En la conducción es menester desarrollar al máximo el raciocinio, pero sin matar la intuición, porque a menudo el hombre no tiene tiempo de recurrir
al raciocinio, y en ese caso lo salva la intuición.
Si tiene tiempo, es mejor que analice su propia intuición por un método racional.
En esto consiste todo el método a poner en juego en la conducción.
Uno puede distinguir a lo largo de toda la historia hombres intuitivos y hombres racionalistas, y según las formas y desarrollo, la cantidad y la calidad
de los que han conducido, no podría decirse si el mayor número de éxitos está en los intuitivos o en los racionalistas.
Pero yo creo que el método ideal es aquel que sin matar el sentido intuitivo
de los conductores consigue someterlos a la comprobación racional del método. Y eso es lo que, en pocas palabras, me propongo en este momento desarrollar. Es decir, cuál es el método de la conducción.
Un arte simple y de ejecución
La conducción, hemos dicho, es un arte fácil y todo de ejecución.
Así definía Napoleón la conducción; y demostró ser un gran conductor tanto en lo militar como en lo político.
Si es un arte simple y todo de ejecución, podríamos decir nosotros que se puede conducir sin tener un plan; vale decir, que se puede conducir a base de improvisación.
La improvisación no puede ser un método completo
Si sometemos esto a lo que dije primeramente, que la acción de la conducción
no es unitaria, sino que se divide en dos grandes acciones –una que mira con lente planar todo el panorama, sin que pierda ninguna de sus partes, y eso se llama la conducción estratégica; y el otro que mira con lente de concentración
cada uno de los panoramas locales para penetrarlo profundamente y resolverlo–, nosotros vemos que la improvisación no puede ser un método completo para la realización de las acciones de la conducción, porque no se puede mirar con un lente de concentración lo mismo que con un lente planar. En otras palabras, que la acción de conjunto que va hacia un lejano objetivo no puede conciliarse con la lucha parcial y pequeña de la resolución de un problema inmediato y parcial.
Conductores estratégicos y conductores tácticos
Esto es lo que impone el método y esto es lo que impone no solamente un conductor para el conjunto sino numerosos conductores para las partes, que conducir las partes es más fácil que conducir el conjunto, ya que necesita uno una visión más limitada.
Eso es cierto. Pero tanto es indispensable el conductor estratégico como son indispensables los numerosos conductores tácticos.
Es también real que con una gran conducción de conjunto se puede arribar a un éxito, pero éste se conquista con la conducción acertada de las partes. Es decir, que un conductor sin sus auxiliares no llegará nunca muy lejos en la conducción.
Hacer rápidamente los conductores auxiliares
Por eso, la preocupación de todo el que conduce un conjunto es hacerse rápidamente de los conductores que le sirvan en la conducción parcial. Que esto puede realizarse más o menos desordenadamente por un tiempo, es cierto, pero a largo plazo eso no puede llegar a ser la solución permanente.
Definición del método
Señores: cuando hablamos de método de la conducción, hablamos simplemente
del método en general. El método no es sólo para la conducción,
es para todas las cosas de la vida. Desde que los antiguos se ocuparon de la metafísica y comenzaron el análisis de los métodos hasta llegar al estudio del método que parte de Descartes hasta nuestros días, el método ha sido siempre el mismo. Vale decir, es el ejercicio de la inteligencia habituada a la síntesis y al análisis.
Observación, análisis y síntesis
El hombre observa un hecho real, inmediato, objetivo y lo somete después
a una de las operaciones más maravillosas de la inteligencia humana, a ese análisis que desmenuza las partes, penetra en el fondo y toma la realidad efectiva de los hechos en los hechos mismos y después de esa operación, del análisis, pasa finalmente a la síntesis.
El análisis no se puede retener en todas sus partes, pero sí sus conclusiones
en una ajustada síntesis. Como en todas las cosas de la vida, el hombre sabe tanto como recuerda; y el análisis es lo que se pierde; la síntesis se puede retener. Por esa razón, en esta acción reside toda la base del método. El método
tiene una premisa, después un análisis y su consecuente síntesis, vale decir, que la inteligencia hace el juego en tres acciones: va de la síntesis al análisis y de éste vuelve nuevamente a la síntesis.
Adecuación del método general a la conducción política
Bien, señores: esto es, brevemente, la explicación que quiero fijar bien claramente para determinar el método en la conducción. Se ha dicho que en la conducción el éxito depende más del método que de cualquier otra operación
que la inteligencia pueda realizar durante la conducción misma, porque los errores cometidos en la percepción del fenómeno que da origen a la realización
no pueden corregirse en el desarrollo de todos los acontecimientos posteriores. O, en otras palabras, como dice Martín Fierro, “árbol que nace torcido, nunca su tronco endereza”.
Esto nos permite trazar en grandes líneas el origen del método en la acción.
Es indudable, señores, que el método activo, o sea el método de la acción
y de la realización misma, no es lo mismo que el sinnúmero de métodos que pueden existir para la realización de un sinnúmero de conformaciones teóricas o de realizaciones prácticas de otros órdenes que el de la conducción.
La conducción requiere su propio método, es decir, asimilar la premisa, el análisis y la síntesis, que es la base del método general, al método particular
de la conducción política.
Los métodos deben ser simples y objetivos
¿Cuáles serán las operaciones a realizar para poner en ejecución un pensamiento que nace de una percepción objetiva y subjetiva de un fenómeno político y social para llevarlo a un objetivo preconcebido a través de la realización de todo un sistema de acciones? Esto es lo más complejo del método; pero si el método es complejo, señores, no sirve como método.
Los métodos han de ser simples y objetivos o dejan de ser métodos.
Un método objetivo para la acción
Por esa razón es que quiero llevarlos paulatinamente a través de estas reflexiones a fijar un método objetivo para la acción, es decir, un proceso inteligente a realizar en cada caso y con cada fenómeno para abarcarlo, analizarlo y dar la solución.
Es lo que hace el médico: observa al enfermo, estudia su historia clínica, sus síntomas, su parte fisiológica y su parte psíquica, después se encierra, hace su propio análisis, consulta todas las pruebas que puedan haber, radiografías,
etcétera, y al final da su conclusión y dice qué tiene el enfermo y cuál ha de ser el remedio para sanarlo de su enfermedad.
El caso que analizamos es exactamente el mismo. Abarca el fenómeno,
lo penetra profundamente y después, con todos esos estudios en sus manos, los analiza, los desmenuza parte por parte haciendo el análisis de cada cuestión y efectos, y al final de todo, dice: “Muy bien; éste es el cuadro sintético, y para llegar a este objetivo que perseguimos, esto es lo que yo tengo que realizar”.
La conducción es un arte fácil y todo de ejecución. Y el método que nos conduzca ha de ser también un método fácil y todo de ejecución.
Situación, apreciación y resolución
¿En qué consiste y qué es cada una de las partes del método de la acción? Primeramente, en la situación; segundo, la apreciación de esa situación; y tercero, la resolución que surge de esa apreciación de la situación que hemos
contemplado.
Vale decir, que de la situación y de la apreciación, o sea del fenómeno y del análisis, fluye lo que hay que hacer.
Eso fluye como una cosa natural, como un proceso lógico y sin forzar la inteligencia
del que realiza esa operación.
El método va de la apreciación del fenómeno a la apreciación de ese fenómeno
en su conjunto y en cada una de sus partes; y de ahí surge una acción, que mediante el sistema del análisis puede planificarse perfectamente.
Podríamos decir que todo el método de la acción estriba en esto: conocimiento
del fenómeno o sea de la situación; análisis del fenómeno o sea apreciación; y conclusión, o sea el método de acción.
Análisis de los factores favorables y desfavorables
Siendo la conducción un arte simple y todo de ejecución, al método hay que reducirlo al menor número de operaciones. Es, lisa y llanamente, un cálculo de posibilidades que se realiza mediante un proceso eliminativo de factores, en el cual juegan dos grandes sectores: los favorables y los desfavorables
para esa acción.
¿Cómo anulo los factores desfavorables? Alrededor de todo eso gira el método de la conducción. Hay algunos que realizan operaciones complicadísimas
para llegar a estos resultados.
Operación libre y natural de la inteligencia
No se trata aquí, en los fenómenos humanos, de un cálculo actuarial que se pueda hacer con cifras. No se puede aquí realizar un ajustado método de cálculo de posibilidades, porque desgraciadamente todavía no hemos podido
representar los factores que juegan dentro del hombre y de su alma por números, cifras o coeficientes. De manera que este análisis ha de realizarse como una operación libre y natural de la inteligencia con su acción perceptiva
y objetiva y con su conclusión subjetiva del fenómeno, que cada uno lo aprecia de acuerdo con su capacidad, su erudición y su intuición, que muchas
veces vale tanto como las dos juntas.
El método intuitivo cuando el tiempo apremia
Cuando el tiempo apremia, el mejor método es el intuitivo. Yo he pasado
más de treinta años enseñando el método racionalista para la apreciación
de la situación, la resolución y los planes de acción. En ese tiempo he aprendido una cosa muy útil, y es lo siguiente: que después de batallar mucho tiempo con los alumnos para enseñarles a prescindir del preconcepto
en la apreciación y resolución de las cosas, no hemos conseguido todavía, los racionalistas, matar la intuición de los hombres. Y cuando se le da un problema y se le dice que haga la apreciación y que prepare un plan de acción, generalmente el hombre va con una resolución preconcebida,
es decir, toma la resolución antes de apreciarla, y es el subconsciente del individuo, trabajando mediante la intuición, el que lo va llevando a esa dirección.
La intuición tiene algo de divino, de extraordinario
Algunas veces cometen gravísimos errores, pero en otras salen soluciones verdaderamente geniales, porque es una fuerza que no podríamos explicar; tiene algo de divino, algo de extraordinario. Por eso he dicho que a pesar del método, el racionalismo puede ser una gran ayuda, pero va a ser mayor si uno no mata en el individuo el sentimiento natural de la intuición, que suele ser generalmente el que da la gran dirección de marcha en todas las resoluciones.
Equilibrio de raciocinio e intuición
En el aspecto de la conducción, yo no quisiera influenciar a nadie en contra de su propia intuición. Yo me inclino más al racionalismo en la realización
de las cosas, pero a eso me han llevado el tiempo y el ejercicio. Pero no quisiera matar nunca, en los hombres que han de conducir algún día, ese sentido extraordinario de la intuición que suele ser superior muchas veces a todos los métodos y todos los racionalismos.
Un conocimiento certero de la situación
Yo he dicho muchas veces que los hombres proceden tan bien como bien informados estén. Uno de los graves errores que cometen los hombres en la conducción política es, precisamente, accionar sin conocer bien cuál es la situación. Equivocados de la situación, se afirman las enormidades más espantosas,
como aquellos que dicen: “todo el pueblo está conmigo”, y muchas veces ni el ordenanza los acompaña.
Desde ese grosero error en el conocimiento de la situación hasta aquel que domina toda la situación, pero se equivoca en dos o tres factores que la influencian,
existe un sinnúmero de gradaciones en el error de la percepción de la situación.
Pero lo que sí podemos decir es que el noventa por ciento de los errores
cometidos en la conducción política de los pueblos estriba precisamente en un conocimiento imperfecto, incompleto o erróneo de la situación. Si todos los hombres conocieran perfectamente bien la situación en que actúan, los errores de la conducción se reducirían en un noventa por ciento. Y eso es lógico, por lo mismo que dice Martín Fierro, que “árbol que nace torcido...” y si se comienza
un análisis racional partiendo de un error, no se puede llegar a un acierto a través de un sinnúmero de operaciones, sino que ese error inicial va multiplicándose
en cada nueva acción que se realiza para llegar a cometer errores garrafales e inexplicables, a posteriori naturalmente, cuando los hechos con su evidencia aplastante demuestren que se ha cometido un grave error en la conducción.
Los errores provienen de un conocimiento defectuoso
Muchas veces –esto lo vemos todos los días, desde la más pequeña acción política
hasta la más grande– se cometen errores groseros en la conducción, inexplicables
si uno no advierte la base: conocimiento imperfecto de la situación.
Esto implica para el método que el punto de partida del mismo radica en el conocimiento perfecto de la situación. Entonces recurrimos a los medios de conocimiento de la situación, porque naturalmente, para conocer la situación,
también existe un sistema, debe existir un sistema.
La información debe ser personal y objetiva
La primera ayuda para el conocimiento viene de la información, por todos los medios posibles, desde el informe parcial hasta la percepción propia y visual.
Es indudable, señores, que para el que conduce, ninguna observación, ni el informe ni el reconocimiento por interpósitas personas, ni el conocimiento objetivo
o subjetivo de otros organismos, pueden reemplazar a la propia observación
personal y objetiva. Es decir, que nada reemplaza lo que uno mismo puede ver, porque eso le da -diremos- el conocimiento vívido de una situación que él va también a vivir en el análisis y va a vivir en el establecimiento del plan de acción. Esa información parte del conocimiento personal y objetivo del propio conductor,
y en esto estriban, muchas veces, los aciertos de la conducción.
Los hombres que pueden abarcar una situación y penetrarla profundamente
en poco tiempo, son los que están más capacitados. Claro que en eso debe jugar más la capacidad objetiva que la capacidad subjetiva.
Los estudios bases
El hombre está inclinado en sus reflexiones a errar más cuando se fía en sus meditaciones teóricas que cuando se fía en los ojos, que están percibiendo la realidad misma. Por eso, nada reemplaza a esa impresión personal en el conocimiento de los hechos. Sin embargo, como es difícil que un hombre pueda abarcar personalmente el inmenso panorama con el gran número de facetas que presenta un panorama político, es necesario
que recurra a lo que en este aspecto del método se llaman los estudios bases. Es decir, de toda la información, de toda la percepción objetiva, y de toda la percepción subjetiva que realice el que plantea la situación, es necesario hacer un estudio, estudio que va cristalizando en una ajustada síntesis cada una de las series de asuntos que son decisivos en la situación;
vale decir, pelando los árboles, sacando las ramas para quedarse sólo con los troncos, porque si no las ramas son las que no le van a dejar ver la profundidad de la situación.
La depuración del conocimiento
Ese trabajo se llama de depuración, y en él se toma la noticia, se comprueba
o se descarta por errónea, donde se analiza la situación mediante el conocimiento
directo o el reconocimiento que uno va a hacer. Cuando hay un problema confuso, va al lugar, conversa con la gente, con los dirigentes, para empaparse bien de la situación, y de allí saca una conclusión que cristaliza en un hecho que plantea ya en la situación.
El análisis de esa situación es imposible si uno no ha conseguido primeramente
aclararla perfectamente. Es inútil apreciar una situación si uno no la ha penetrado y conocido profunda y sistemáticamente en todas sus partes.
Vivir la situación
Sería largo enumerar todos los sistemas que han de seguirse para obtener
una buena información, y en consecuencia, vivir una situación. No hablamos
ya de conocer la situación sino de vivirla. No es suficiente conocer los hechos sino que debe asimilárselos para decir que no sólo se conoce la situación sino que se la ha vivido.
Dentro del método racionalista de la acción, la apreciación de la situación
es siempre previa. Cuando uno vive la situación, la tiene perfectamente
bien documentada y la repasa una y mil veces; una vez que la va estudiando, va profundizando en el conocimiento de la misma. La fija en monografías, estudios generales y parciales. Esos se llaman los estudios bases,
porque allí no solamente está la noticia, sino el estudio de la noticia; no solamente la información sino también el estudio de la información.
Apreciación objetiva y subjetiva
No solamente está la apreciación objetiva que uno haya hecho, sino las conclusiones que surgen de esa apreciación objetiva; no solamente
la deducción subjetiva de los hechos, sino también las consecuencias a que esos hechos pueden conducir. Vale decir, esa preparación previa para presentar el fenómeno en condiciones de ser utilizado en forma directa en el análisis. El análisis es siempre una operación complicada y cuanto más se simplifica y facilita, la situación se verá simplificada y facilitado el análisis.
En conclusión, para no alargar demasiado esta exposición, que puede ser materia de todo un curso, diré solamente, que en el Ejército, desde hace veinte
o veinticinco años tenemos una Escuela de Informaciones, que ha formado
miles de alumnos que prestan servicios.
El arte de la información
La información es todo un arte. Cómo captar. Cómo descartar. Por qué hay en la noticia, en el rumor, en todas esas cosas una acción sobre la que ha de decidir. Es necesario aislar lo que no conviene y hacer llegar solamente lo que conviene que llegue, porque de lo contrario se está induciendo al error y a la falsa apreciación.
Todo esto se estudia.
Por esa razón yo digo que esto sería motivo de un curso, si entrara a explicar
cómo se hace para conformar una situación y para aislar un estudio base de esa situación.
Quiero, sin embargo, solamente dar una idea, y nada más que una idea para inducir al método. Esa situación general, como el método de la conducción,
tiene dos grandes aspectos: la conducción total y la estratégica y la conducción parcial o táctica.
Situación general y particular
También la situación tiene esas dos grandes divisiones, que llamaremos la situación general, que abarca las noticias que establecen la situación de conjunto y la situación particular que plantean los distintos casos, que una es la otra en razón de su grado de dependencia, porque el conjunto es la suma de las partes.
Apreciación de ambas situaciones
Claro que la suma de las partes no presupone, naturalmente, el conocimiento
minucioso de cada una de esas partes, sino la conclusión fundamental
y general de las partes que concurren a formar el fenómeno de conjunto. Si hay una estrategia, hay una situación general, y si hay una táctica, hay una situación parcial, local o particular.
Para la conformación de la situación, es necesario siempre dar o tener las noticias de la situación general y también noticias de la situación particular de cada una de las partes. Uno utiliza la situación de conjunto para la apreciación general, y utiliza las partes para la apreciación de la situación particular.
Señores: la situación, siendo el punto de partida de todo el método, depende
más que nada de un acopio de datos, de observación y de información.
Es decir, es una tarea de los rastreadores que van buscando y trayendo todo lo útil para conformar la situación.
El método para la apreciación
La segunda operación del método, que es el análisis, o sea, lo que nosotros
llamaremos la apreciación de la situación, ¿en qué consiste? En primer lugar, hay que tener también un método para la apreciación, porque
de lo contrario, como es un proceso de eliminación, es inútil que uno pretenda abarcar todo y hay que ir descartando lo que no interesa, para quedarse con lo verdaderamente fundamental y hacerlo privar en la resolución de conjunto.
Factores que integran la situación
¿Cuál es, en mi concepto, el mejor método para realizar la apreciación? Ante todo, de qué se compone una situación, porque en el análisis tenemos que ir tomando las partes de esa situación, analizándola, y así sabremos de qué se compone la situación.
El elemento humano
Ella, en primer lugar, se compone de hombres. El elemento humano en toda apreciación política es el elemento preponderante. Trabajamos con hombres para cosas de hombres, así los consideremos aisladamente o en conjunto. De manera que el primer factor de análisis es la fuerza con que contamos, llamémosla partido político femenino, masculino o sindicato, para
nosotros, los peronistas. Es necesario el primer análisis sobre la fuerza.
El escenario
El segundo, la situación de lugar, vale decir dónde actúa y cómo actúa esa fuerza; en otras palabras, el escenario que hay que analizar, porque hay una relación constante y fundamental entre el hombre y su punto de acción o su escenario de acción.
Espacio y tiempo
El tercer elemento es el espacio, vale decir, todo lo que juega la situación relativa de lugar, de distancia. Y el cuarto es el tiempo, es decir, el momento actual de la evolución de los hechos, del fenómeno social, del fenómeno político
y del fenómeno económico. No es lo mismo apreciar una situación para el pueblo del 17 de Octubre que para el de la Revolución Francesa, o que para el pueblo de Licurgo, al que se ha referido mi señora hace un rato.
Juego de los factores de la apreciación
Cada uno de esos tres momentos fijaría tres apreciaciones que tendrían puntos total y absolutamente distintos de apreciación. De manera que el tiempo, vale decir, el momento, es decisivo. Todo fenómeno humano ha de juzgarse en sus condiciones de lugar y tiempo.
Lo que hoy es cierto, mañana puede ser total y absolutamente incierto; lo que es cierto aquí, puede ser total y absolutamente incierto allá.
En la apreciación, esos factores de tiempo y lugar suelen ser decisivos, muchas veces con una buena situación se aprecia equivocadamente, porque
uno no se ha puesto en las condiciones de lugar y tiempo.
Resumiendo: lo primero es la fuerza; lo segundo, el escenario en que actúa
la fuerza; lo tercero, las condiciones de lugar; y, finalmente, lo cierto, las condiciones de tiempo. Esas son las bases para hacer la apreciación.
Fuerzas favorables y desfavorables
¿Cómo juega cada una de estas bases? Las fuerzas las debemos considerar divididas en dos aspectos: las fuerzas que son favorables a la acción y las que son desfavorables a la acción. La acción política es una lucha de voluntades.
¿Cuáles obedecen a nuestra voluntad y cuáles a la voluntad contraría a la nuestra?
Quiénes son peronistas y quiénes son de la “contra”, diríamos nosotros.
Es decir, estudiar minuciosamente esas fuerzas.
Estudio minucioso de las fuerzas
En su estudio concurren un sinnúmero de fenómenos que no pueden escapar
a la percepción del que realiza el análisis o la apreciación: cómo actúa, la base en que está inspirada, la doctrina que la rige, los sentimientos individuales,
los sentimientos colectivos que desgraciadamente son distintos, ya que los hombres solos son una cosa y reunidos son otra cosa totalmente distinta.
Los hombres que deciden y actúan han de ser estudiados individualmente,
y los que actúan en conjunto han de ser estudiados en conjunto también. No vale para esto el involucrar a todos los hombres en una misma apreciación.
Señores: yo estoy volando a mil metros sobre la apreciación, porque quiero
andar rápido. Indico solamente la gran línea directriz. Cada una de estas cosas daría motivo a ocho o diez clases para profundizarlas, pero si debo dar un curso de tres meses no puedo dedicar a cada una de estas cosas el tiempo necesario. Sólo deseo dar un curso de información, no un curso formativo, porque si quisiera ser formativo alcanzaría a dar solamente tres puntos de los que figuran en el programa. Yo quiero, en cambio, explicar todos los puntos y dar siquiera una información general.
El análisis debe tener un objetivo preciso
En el análisis de las fuerzas propias y de las fuerzas contrarias estriba el cincuenta por ciento de la importancia de la apreciación juzgada en el lugar, en las condiciones de tiempo y de espacio necesarias. Todo ese análisis ha de realizarse preponderantemente con sentido objetivo.
No se puede analizar todo el conjunto y desde todo punto de vista, sino que se debe analizar con una finalidad para ser efectivo.
Si uno quiere analizar sin finalidades, anda dando vueltas en el aire, y esto hay que hacerlo teniendo los pies afirmados en la tierra; quiere decir, que todo ha de ser analizado objetivamente, con un objetivo, con una finalidad.
Se sacan las conclusiones por eliminación
Realizada esa apreciación de la fuerza, descartando lo desagradable y aprovechando
lo utilizable, uno va armando conclusiones por eliminación. Se trata de aislar perfectamente en los fenómenos humanos o en los hechos cuáles son los factores opuestos y cuáles son los factores favorables para aprovechar. Más minucioso
es el análisis, mayor será el número de condiciones desfavorables neutralizadas,
y mayor el número de condiciones favorables aprovechadas. Con eso, hecho minuciosamente, en las condiciones de escenario en que se actúa, del lugar en que se realiza y del tiempo en que se efectúa, se procede a apreciar la situación.
La situación peronista del 17 de Octubre de 1945
Por ejemplo, para apreciar la situación peronista del 17 de Octubre de 1945 para acá, no hay que apreciarla en 1920 o en 1930. Lo primero
que hay que tener para apreciar es el criterio de actualidad, porque algunos
aprecian un fenómeno político de hoy con la mentalidad de hace 20 años. Esos se equivocan, porque el fenómeno ha cambiado total y absolutamente.
Conclusiones básicas para la acción
Si yo hiciese una exposición racional y metódica de este sistema, me llevaría
días, pero creo que con esto conformo una idea general, que es lo que quiero ofrecer a ustedes en el tiempo de que dispongo.
De esta situación perfectamente conocida y de esa apreciación perfecta y minuciosamente realizada surgen las conclusiones básicas para la acción. Es allí donde uno realiza la resolución. Esto es muy importante de decir y de mencionar, porque he observado a lo largo de toda mi vida que el ochenta por ciento de los hombres no saben lo que quieren..., y en los políticos, más del ochenta por ciento.
Premisa fundamental: saber lo que se quiere
Cada hombre debe hacerse antes de la acción una pregunta: ¿Qué quiero? ¿A dónde voy? ¿Qué es lo que busco? Cuando haya aclarado eso, se le habrá aclarado totalmente el panorama; todo lo subordina a esa necesidad y trabaja
para ella.
No es fácil encontrar muchos hombres que sepan lo que quieren. Por eso lo primero que ha de surgir de una apreciación es: ¿Qué quiero hacer? Ese es el objetivo. Esa es la finalidad para la cual uno trabaja. Se coloca el objetivo y entonces se extraen todas las conclusiones mirando el objetivo y cuáles son las que han de servir a ese objetivo.
Analizar y aislar teniendo en cuenta el objetivo
Analizando, aislando, cristalizando, tendrá todos los medios o caminos
o rutas que conducen al objetivo buscado. Podrá apreciar los vientos favorables y la forma de aprovecharlos, y los vientos en contra y la forma de neutralizarlos, como así también dónde está la fuerza motriz que lo va a llevar. Todo surge de esa apreciación. Con ese objetivo y con todas esas conclusiones surge el verdadero plan de acción. Vale decir, que para ir a aquel objetivo desde esa situación y mediante el análisis, yo tengo que hacer primero tal cosa. Alcanzar eso, ahí voy a tal otra cosa y de ahí voy a tal otra cosa.
Plan de acción y ejecución
Ese es el proceso metódico de la construcción de la acción. Claro que después que uno ha llegado a realizar esta apreciación, a una resolución, o a un plan de acción, viene lo más grave, que es la ejecución. La obra de arte no está en realizar un gran plan de acción.
La obra de arte está en ejecutarla, porque el plan es solamente la concepción.
Y en los hechos sociales, políticos y económicos la acción está siempre por sobre la concepción. Muchas veces una idea no muy buena, pero realizada con tenacidad, da buenos resultados; pero la más hermosa de las concepciones sin ejecución no lleva a ningún resultado.
Por esa razón, señores, todo este sistema está subordinado a que esa concepción
y ese plan que surja de todo método sea realizado. Y la realización no es una cosa fácil. La realización que surge de ese método que alcance ese plan fija la acción hasta cierto punto.
Sólo se puede prever hasta la decisión
Yo puedo fijar en un plan de acción todo, hasta la elección, por ejemplo, en el orden político partidario. Después de la elección, teóricamente, yo no puedo fijar nada, porque allí es dónde se va a producir la decisión.
¿Que voy a hacer planes para el caso de que gane? ¿Y si pierdo? Allí está la decisión. Y hasta allí se puede prever; más allá solamente se puede tener una gran línea directriz, como una estrella polar o hilo de Ariadna, que lo conduce a uno hasta ese lejano objetivo de la conducción, pero no más. Vale decir, que se prevé hasta un hecho decisivo; más allá, la previsión humana no puede llegar, sino en grandes direcciones o en grandes líneas.
Hay que prever en el plan, minuciosamente, todo lo previsible, pero no meterse a prever lo que no es previsible, porque si no, entonces, no se llega a nada, ni se alcanza nada.
Masa y pueblo
Señores: por este método, que va desde la situación a la resolución y al plan de acción, para ejecutarlo es necesario, en primer lugar, tener los órganos
de ejecución.
Por eso mi interés siempre ha sido el de ir capacitando el encumbramiento de la masa por los cuadros dirigentes, diremos, porque como muy bien lo ha dicho la señora, nosotros hemos hablado de masas hasta que nos hicimos cargo del gobierno; después, hemos hablado de pueblo, porque tenemos la aspiración
de transformar esa masa “mutum et unane pecus”, como decían los romanos, en una organización con una conciencia social y una personalidad social.
El pueblo organizado y encuadrado perfectamente
Hoy, nosotros ya no hablamos de masa como al principio; estamos hablando ahora de pueblo. Cada día hablamos menos de la masa y más del pueblo, porque a las masas es muy difícil conducirlas y los pueblos son muy fáciles de conducir cuando uno lo hace de buena fe, de manera que, para esa ejecución, de nada vale todo el proceso racionalista de un método que nos conduce de la situación a la apreciación, a la resolución y al plan de acción, si no tenemos preparado el instrumento para realizarlo,
El instrumento para realizarlo es el pueblo organizado y encuadrado perfectamente.
Organización y encuadramiento
Hago la diferencia de organización y de encuadramiento, porque pueblo organizado es una cosa y pueblo encuadrado es otra cosa. El pueblo no vale por su organización ni por el número de los hombres que están organizados.
Vale por los dirigentes que tiene a su frente, porque la acción jamás está impulsada ni por la masa ni por el pueblo, sino por los dirigentes que son los que conducen. La masa va adonde la conducen sus dirigentes, y si no, se desborda, y ¡Dios me libre!
Importancia vital de los dirigentes
De la calidad y de las cualidades que poseen los conductores depende, en su mayor grado, la calidad y las cualidades de la propia masa. Por eso nuestro interés justicialista al tratar de formar los cuadros para el encuadramiento de esa masa y convertir, mediante ese proceso orgánico y de encuadramiento, esa masa en pueblo, es fundamental.
Nosotros queremos que cada uno de esos pequeños conductores, que encuadran esa inmensa cantidad de pueblo, con todas sus organizaciones de carácter económico, político y social, representen una garantía en la conducción
de las partes, porque así solamente podrá obtenerse una garantía en la conducción del conjunto. Digo esto porque deseo entrar rápidamente a hacer la aplicación de este método de que he hablado al momento actual de la política argentina para presentarlo como ejemplo.
La acción política en 1951
Hasta ahora, solamente he hecho algunas menciones teóricas. Quiero decirles
cómo estamos nosotros realizando el trabajo por este método para la campaña política de 1952, cómo estamos tomando la situación, cómo la estamos
apreciando, cómo la estamos resolviendo y cómo estamos planificando
la acción política, porque esto será, sin duda, objetivamente lo más útil.
Acción administrativa y de gobierno y acción de lucha
El año 1951 es para nosotros un año eminentemente político. Yo divido el gobierno en dos acciones: la acción administrativa y de gobierno y la acción de lucha. Esta última es la que permite la administración de gobierno. Si no triunfo en la lucha, no llegaré muy lejos en la acción de gobierno. Por eso siempre le he dado una gran importancia.
Independencia de ambas acciones
Pero no se pueden mezclar las dos. Este ha sido el defecto de los gobernantes
anteriores: mezclar la lucha política con la administrativa y de gobierno. Mezcladas, una interfiere y molesta a la otra, la destruye, la perjudica. Si uno quiere hacer gobierno para la política, volvemos a lo de antes y nos desprestigiamos
como gobernantes y administradores, y no nos prestigiamos como políticos. Esa división ha permitido al peronismo no desgastarse durante la acción de gobierno, como se desgastan todos los gobiernos.
Planes quinquenales para la acción del gobierno
Para la acción administrativa y de gobierno hemos establecido nuestros planes quinquenales y todos los funcionarios del Estado están trabajando minuciosamente en la ejecución de esos planes.
Nosotros teníamos un objetivo y todos se han ido alcanzando. Nosotros comenzamos en aquel entonces quemando nuestras naves. Al iniciar su acción
el Justicialismo quemó sus naves.
Consolidar previamente la situación económica
Sería imposible consolidar una acción política o social sin consolidar previamente una acción económica. Nosotros comenzamos por hacer una reforma social porque necesitamos el predicamento de las masas, que sólo se podía lograr mediante la satisfacción de lo que anhelaba.
En 1946 la situación era difícil
Cuando llegué al gobierno en 1946 se presentaba un panorama muy difícil. Habíamos hecho una reforma social, elevando el estándar de vida, pagando mejor
a nuestros obreros, desenvuelto una acción social quizá un poco más allá de lo que la República podía, quizá un poco ambiciosa y quizá un poco atrevida.
Yo tuve que consolidar eso, porque si lo hubiéramos hecho solamente para tres años y luego hubiéramos retrocedido, habríamos cometido un grave error. Yo me encontré con la situación económica en mis manos para consolidar la acción social realizada. ¿Qué había en la Casa de Gobierno cuando yo llegué? El país debía más de 6.500 millones de pesos. Teníamos 3.000 millones bloqueados
en Inglaterra y otros tantos en Estados Unidos, producto de lo que habíamos vendido en los años de guerra. En la administración –el ministro de Hacienda no me dejará mentir–, había muy poca plata; pero teníamos una ventaja: hablamos nacionalizado el Banco Central y tanto el aspecto financiero como económico lo manejábamos nosotros y no los capitalistas extranjeros. De cualquier manera, la situación era terrible. Salían anualmente del país más de 5.000 millones entre servicios financieros y otras yerbas.
La manguera “chorreaba” hacia afuera
Podríamos decir, haciendo una comparación, que había una manguera que chorreaba permanentemente hacia afuera y nos quitaba la mitad del riego. No teníamos dinero, pero teníamos grandes ideas y grandes planes. Dimos vuelta la manguera e hicimos que chorreara toda el agua hacia adentro.
Un éxito económico extraordinario que justificó la reforma social
Hubo que comprar una marina mercante, porque si seguíamos dependiendo,
para la venta de nuestros productos de la marina extranjera, ella nos impondría los precios. Hoy, con gran satisfacción y alegría, puedo decir que todo eso se solucionó. Pero no les puedo decir las preocupaciones que yo pasé. No quisiera volver a pasar tres años como en 1946, 1947 y 1948. Parecía
que no había soluciones económicas, y no habiendo soluciones todas las soluciones sociales se venían abajo y nos aplastaban.
¡Para fracasar después de tres años era mejor no haber realizado lo que habíamos hecho! Este extraordinario éxito de nuestra economía fue el que justificó la reforma social, porque sin esta economía no hubiera sido resuelta la reforma social; hubiera sido un disparate y nos habría llenado de escarnio a nosotros mismos.
A grandes éxitos grandes riesgos
Mediante buenos negocios, mediante buenas ventas, nosotros arreglamos la situación, situación que muy pocos hombres juzgaban posible, pero que nosotros, jugándonos el todo por el todo, la hicimos realidad.
Y ésta es otra condición de la conducción. El que quiere conducir con gran éxito, tiene que exponerse; el que quiere solamente éxitos mediocres es suficiente con que no se exponga nunca, y si no quiere fracasar ni cometer nunca ningún error, lo mejor es que nunca haga nada.
En estos momentos nosotros estamos magníficamente bien; no hay problemas.
El mundo, para pagar la guerra, desvalorizó la moneda. Nosotros, para pagar nuestras reformas, desvalorizamos la nuestra, pero con eso nosotros
no pagamos la guerra.
Soluciones para cada momento
Hemos maniobrado, como podremos decir algún día –quizá hoy sea prematuro–,
no por sistemas o por métodos, sino por resoluciones, es decir, con soluciones para cada momento.
Cuando el mundo está en un caos tan espantoso como el caos económico y financiero del mundo actual, no hay sistema que resista, no hay método que sea eficaz. Solamente hay soluciones. Vistos los casos concretos, solucionar
caso concreto por caso concreto.
Suspensión del patrón oro
Es la única manera de asegurar el éxito, y eso es lo que hemos hecho nosotros
en la conducción dinámica y objetiva, como solución para cada uno de los grandes problemas que se presentaron, pero sin ceñirnos jamás a un método. Cuando abandonamos el patrón oro o suspendimos el patrón oro, ¿no dijo todo el mundo que éramos unos animales? Naturalmente que nosotros
sabíamos que no lo éramos. ¿Qué pasaba en ese momento? Estados Unidos se preparaba para revaluar su oro aumentando el veinte por ciento, vale decir, haciéndonos pagar una parte de la guerra anterior con el veinte por ciento de nuestro peso.
En ese momento cortamos el cordón umbilical que nos ataba al oro y dijimos: “el peso es un servicio público para la República Argentina”, porque
de lo contrario ese veinte por ciento se lo hubieran llevado ellos, y nosotros preferimos gastar aquí ese 20 % para pagar los platos rotos que habíamos hecho acá. De manera que hicimos eso y mucho más. Todo ese
oro lo cambiamos por barcos y hoy esos barcos han traído casi cuatro veces el oro que costaron.
El negocio de la Marina Mercante
Costaron un millón y medio de dólares, hoy valen cuatro millones de dólares y nos resultan gratis, porque ellos se han pagado a sí mismos. Vale decir, que se han pagado, valen cuatro veces más de lo que costaron, han traído cuatro veces el oro que costaron y todos los años nos traen millones
de pesos en divisas que antes se iban al exterior, cuando teníamos que pagar a los ingleses.
Los buenos negocios
Ustedes comprenden que como esa clase de negocios hemos hecho muchos. Y no les hablo del negocio que hicimos con la compra de los ferrocarriles y las demás cosas que compramos; no sólo las pagamos, sino que ganamos plata.
Esos negocios son los que han compuesto la economía del Estado. Es inútil
pensar que nosotros con reglas o sistemas vamos a arreglar.
La riqueza se arregla con negocios, tanto entre los hombres como entre las naciones. El que hace malos negocios se hunde, y el que los hace buenos se enriquece. Si con los hombres pasa así, ¿por qué no ha de pasar lo mismo con las naciones? La economía y las finanzas de una nación son las de un hombre amplificadas; nada más que eso.
No hay diferencia entre lo que representan la economía individual y las finanzas individuales y lo que representan las colectivas. Solamente se agrandan.
La base de todo consiste en que no hay que olvidarse que para enriquecerse
hay que hacer negocios; con honradez, pero negocios. Para el Estado yo pienso así. Yo por el Estado, por el país, hago cualquier cosa. ¡Cómo no va a sacrificar cualquier cosa un hombre por su Patria!
Situación actual: no hay problemas económicos
Quiero llevar a los señores al primer planteo de la situación actual. No tenemos
problemas económicos, porque todos han sido ya resueltos. Nosotros hemos proyectado la economía de la Nación para cincuenta años; no hemos pensado solamente para este momento. Esa manguera que chorreaba para afuera, y hoy echa el agua para adentro, está cada vez más gruesa. Mediante lo que hemos ido asegurando, podemos afirmar que la situación de florecimiento
económico de este momento será mejor cada día que pase. De manera que no tenemos ninguna inquietud y podemos darnos el lujo de aumentar los sueldos y hacer muchas otras cosas, porque tenemos los medios para hacerlas. En esto también trabajamos inteligentemente, resolviendo las situaciones.
Precios internos y precios internacionales
Va un cuento muy al caso. Los otros días vino alguien a decirme: “Vea, la carne está muy cara”. Le contesté: “¿Cuánto está valiendo la carne?” “Vea, en el mercado está a $ 1,50 y $ 1,75 el kilo vivo, lo que representa $ 2,50 el kilo”. Le pregunté: “¿Qué le parece a usted?” Y me contestó: “Hay que bajar el precio, ponerle un tope para que no suba más, porque si no la gente no podrá comer más carne”. Le dije: “¿Qué le parece si subimos los salarios en lugar de bajar el precio de la carne?” Agregó: “Y... la inflación; se establece una carrera y uno no puede saber dónde para”. Entonces, le manifesté: “¿No cree usted que hoy nos defendemos con la carne? ¿No se da cuenta que si bajo el precio de la carne aquí, los ingleses me lo bajan allá? Prefiero pagar salarios más altos, aunque se desvalorice el peso, pero a los de fuera les cobro $ 2,50”.
Es decir, que hay gente que todavía no sabe que la economía interna es una y la internacional es otra, y que la ganancia la tenemos que sacar de la economía
internacional para vivir bien, cualquiera sea el método que empleemos. No nos importa, con tal de sacar el beneficio. No vamos a cobrar menos a los de fuera por el estúpido prurito de decir que bajamos los precios.
Hay que bajarlos, pero inteligentemente, para que no se conviertan en un factor de pobreza en lugar de lo que nosotros deseamos, que es una economía
de abundancia.
Ya somos duchos en esto; hemos aprendido todas las triquiñuelas. En economía un poco se aprende en los libros, pero en la vida se aprende muchísimo
más.
El valor del dinero
En esto fueron maestros los capitalistas. Ellos le decían al pueblo: Vea el valor del peso. Con este peso se puede comprar una casa. Pero no le decían cuándo iban a poder tener un peso. Lo corrían toda la vida y no lo alcanzaban nunca.
El valor de la moneda no es el valor relacionado con el oro que se fija en Wall Street, sino el poder adquisitivo en el país donde se utiliza y el poder de acceso que el pueblo tiene a esa moneda.
Le he preguntado a un norteamericano, y se lo pregunto a todos, si con un dólar en Nueva York se hace lo mismo que con un peso en Buenos Aires...
¡Qué esperanza! Un bife cuesta diez dólares en Nueva York, o sea ciento cincuenta
pesos. Nosotros con ese dinero casi compramos una vaca.
El problema político tampoco es problema
Yo analizo y veo la situación con hechos realistas y conocimientos profundos
de los factores que juegan en todo este complejo problema que es la economía, lo social y lo político.
Nosotros no tenemos problema económico y como consecuencia de eso no tenemos problema social. Si el porvenir de la economía es ascendente y si procedemos
justicialistamente, lo social seguirá una curva paralela a lo económico.
No permitiremos que alguien se quede con el santo y la limosna, sino que se reparta equitativamente de acuerdo con el esfuerzo de cada uno; si eso sucede nosotros no tenemos nada que pedir. El problema económico y el social están resueltos definitivamente. El problema económico y social no son preocupaciones
para el gobierno. En cuánto al problema político, no tengo ninguna preocupación. Cuando votaban los hombres, ganábamos, y ahora que votan las mujeres, vamos a robar. ¡Dios me libre cuándo voten los pibes!
Ganar las elecciones en forma aplastante
Nuestro movimiento proyectado en el porvenir no puede tener inquietudes
políticas, sociales ni económicas. Partiendo de esa situación, debemos analizarla. Como 1951 es un año político, a base de esa rápida enunciación de la situación general de la República yo puedo hacer una apreciación de conjunto;
pero sería insuficiente decir en el campo político cualquier solución y establecer cualquier plan solamente en base a una apreciación general.
Nosotros no solamente debemos estar decididos a ganar unas elecciones, sino a ganarlas en forma aplastante, para demostrar, señores, que hemos hecho
un buen gobierno; porque es inútil que sepamos que hemos hecho un buen gobierno. Quien debe decirlo es el pueblo, y éste lo dirá con votos. Eso es fundamental para nosotros.
Ése será, diremos, el desiderátum de nuestra acción: la comprobación de haber cumplido con nuestro deber, si el pueblo dice por medio de las urnas que está conforme con nuestro gobierno, que le gusta y quiere repetirlo.
Por esa razón, señores, yo he querido organizar esto, y les voy a decir a ustedes cómo he armado toda la acción y cómo estamos realizando todo el conocimiento de la situación.
Los rastreadores de noticias
Estamos realizando la apreciación y llegaremos a tomar una resolución y establecer un plan de acción para el año 1951, hasta las elecciones.
En primer lugar, esto no se puede improvisar. He debido organizar junto a mí todo un cuartel general de acción, donde he llamado a hombres especializados en planes para aislar perfectamente bien toda la situación, formando un estado mayor para armar perfectamente toda la situación, no sólo general, y no sólo particular de cada provincia, sino de cada departamento y de cada localidad.
Para establecer esa situación con la mayor perfección y justeza posible estamos, hace cuatro o cinco meses, trabajando con miles de rastreadores de noticias que van a los pueblos a ver por qué Juan Pérez pelea con José González,
a pesar de ser los dos peronistas; por qué el caudillo equis “bombardea” a tal otro; por qué este señor de aquí está luchando con éste; por qué algún peronista manda a los peronistas votar por el gobernador del partido peronista
y por los diputados del partido radical; por qué sucede cada una de esas cosas en cada pueblo y en cada lugar.
Una información fehaciente y completa
Tenemos nosotros el acopio de una información absolutamente fehaciente
y completa por hombres que han vivido en el lugar el tiempo necesario para traer todas esas noticias que vienen por nuestro servicio de información,
por las delegaciones de todos los sindicatos, por las delegaciones del partido peronista y el Consejo Superior, por Control del Estado, por veinte fuentes distintas de información. Cuando coinciden diez a doce fuentes, es difícil que no sea como se dice. Cuando hay contradicción en las noticias recibidas, se aparta y se dice: “Dudoso. A comprobarlo”.
Situación general y particular
Por eso, cuando analizamos un problema, lo hacemos con un profundo conocimiento del hecho y con una información copiosa de cada uno de los lugares que analizamos.
Así que vamos con esa acción a conformar una situación general que la conocemos bien, porque la vivimos hace siete años, y a conformar una situación
particular, lo más conocida y minuciosa posible, de cada una de las provincias, de cada uno de los territorios, de cada uno de los departamentos, de cada una de las localidades. ¿Por qué? Porque la conducción es así: sin esa información es imposible conducir.
Resolución y plan de acción
Bien, una vez realizado ese trabajo, nosotros hacemos una apreciación de la situación de acuerdo con esa información. Hecha esa apreciación, tomamos
una resolución y hacemos un plan de acción. ¿En qué consiste esa apreciación? Sería largo explicarlo. Hay diez hombres que hace tres meses lo están realizando; con eso solo se imaginarán el trabajo que ello representa. Son hombres especializados que no han hecho otra cosa en su vida y están auxiliados por todos los organismos. Esta es una cosa seria. No se puede hacer
ojo de buen cubero y en base a improvisaciones. Es toda una cuestión de métodos perfectos y completos.
Estudio de la situación en detalle
¿Qué debo hacer yo? Mediante esa situación, estudiar lugar por lugar. Por ejemplo: En este pueblito de doscientos o trescientos habitantes, en el año 1946 ganábamos por cincuenta votos, y en la última elección ganamos sólo por diez votos. ¿Por qué hemos perdido cuarenta? Entonces hay que averiguar por qué hemos perdido esos votos. Viene toda la información y además la comprobación. Me dicen, por ejemplo, que fulano de tal, que era un hombre influyente allí, hacia tal cosa; ahora resulta que anda medio tibio, porque parece que le han puesto los puntos en tal parte... Entonces, nosotros tenemos que sacarle los puntos. Doy ese ejemplo porque es el más común.
Buena conducción estratégica y táctica
Otro caso: Me dicen que en tal localidad no se ha hecho el camino de acceso; parece que la Municipalidad anda mal. Entonces, se cambia el intendente
municipal y se construye el camino, es decir, se toma la resolución que nos devuelva los votos perdidos o nos dé más.
Es decir, se está organizando toda una acción, que después sale en forma de directiva. Yo hago la conducción estratégica y cada uno de los hombres del lugar –sean gobernadores, intendentes o delegados partidarios– hacen la acción política para servir a esa acción de conjunto. Se imaginan que cuando nosotros armonicemos todo ese plan y se ponga en marcha en todas partes, esto será una aplanadora.
Impenetrabilidad de ambas conducciones
Es decir, hay que ir accionando en cada lugar, aparte de llevar a cabo una conducción de conjunto que contemple los acontecimientos totales. Todo este trabajo, minuciosamente realizado, es el que estamos ejecutando en este momento.
Hecha esta apreciación, nosotros reuniremos aquí a todos los gobernadores,
a todos los delegados partidarios de cada provincia, a todas las autoridades
administrativas, etcétera, y entonces haremos una minuciosa exposición de la situación, y la discutiremos con cada uno de los hombres que actúan en el lugar, que conducen tácticamente, con los que yo no me quiero meter, porque yo no puedo conducir la política del lugar. ¿Qué sé yo lo que pasa en la provincia de La Rioja, por ejemplo? ¿Cómo voy a conducir yo, desde aquí, la provincia de La Rioja? Desde aquí conduzco las catorce provincias y las diez gobernaciones; pero el que está en La Rioja conduce esa provincia.
La conducción en el Partido Peronista
Con el partido pasa exactamente lo mismo. Tiene aquí un consejo superior,
que es el que conduce todo el partido; pero tiene sus delegados en toda la República, que son los que conducen en las distintas localidades la acción política. No puede pretender el partido conducir desde aquí cada una de las provincias. Él resuelve y toma las grandes resoluciones aun para el interior; pero no conduce en forma directa, porque no conoce la situación. No puede conducir lo que no conoce.
El mejor amigo es el que aconseja
Todo este análisis que hacemos aquí es la autocrítica a nuestra propia obra política y de gobierno. Esa autocrítica es la que permite que en rueda de amigos nos digamos la verdad, aunque no nos guste. Hay que decirla, y entre amigos es obligación decirla.
La verdadera colaboración no es alabar siempre, sino señalar los errores,
hablando un lenguaje claro de realidad, de verdad y de amistad. El verdadero amigo es el que aconseja, y si es el enemigo el que habla mal, es mejor que esté cerca.
Es necesaria la autocrítica entre peronistas
Decía Alejandro, cuando uno de ellos se iba a ir enojado: “Tú te quedas aquí. Prefiero que me critiques donde me conozcan y saben que lo que dices no es cierto, a que me vengas a criticar donde no me conocen”. Aquí pasa lo mismo. Si son dos compañeros que se pelean entre ellos, es mejor que se critiquen de cerca. Se trata de pasiones que es inútil pretender quitarlas a los hombres, porque sería desvirtuarlos.
El hombre tiene sus pasiones buenas y malas, y hay que tomarlo tal cual es, llevándolo despacio y con buena letra, como dicen los criollos. Con ductilidad,
con paciencia y con tolerancia.
Entre nosotros, compañeros de una misión común, con una doctrina común,
no nos podemos ocultar la verdad, la verdadera colaboración está en decirle al amigo: “Esto está mal”. Esa autocrítica es la que nosotros debemos propugnar. Nos reunimos y en círculo reservado decimos todo lo que pensamos.
Entre nosotros no puede haber reservas mentales. La reserva mental es una forma de traición al compañero y al amigo. Esto se hace de dos maneras:
Cuando la gente lo hace con encono y termina a sillazos. Si lo hace con sinceridad, lealtad y bondad, termina con abrazos. Eso es lo que buscamos: que estas reuniones terminen con abrazos de amigos que se han puesto de acuerdo y han quedado liberados de reservas mentales, porque la lucha política
lleva fatalmente a eso. No son tantos los dirigentes como la gente que los rodea, que siempre vienen con cuentos.
No hacer caso de cuenteros y aduladores
En la Casa de Gobierno quedamos muy poquitos de los que llegamos. Yo he sacado a todo intrigante o al que venía con cuentos. Los que quedan,
trabajan en silencio y no dicen nada. El gobierno es un pobre hombre que está buscando un objetivo lejano y marcha por su camino teniendo de un lado una legión de cuenteros, y del otro, una legión de aduladores, cada una de las cuales tira para su lado. La legión de la derecha, tira para la derecha, y la legión de la izquierda, tira para la izquierda. Lo sabio está en no apartarse, en hacer una sonrisa y seguir. Eso es clásico en todos los gobiernos y en todas las acciones.
Una acción común en base a un método
Por eso, nosotros, abriendo nuestro corazón y nuestra alma en esas reuniones,
vamos a establecer una acción común en base a un método que trata la situación, su apreciación, su resolución y su plan, y entonces, después diversificaremos el plan en todo el país y formaremos la aplanadora, vale decir, la inmensa masa que forma el Partido Peronista transformada en una acción con unidad en la concepción y con unidad en la acción.
Señores: éste es el método que seguimos nosotros. Podrá haber otros mejores,
no me aparto, pero tengamos como método un método simple, un método objetivo, un método que podamos estabilizar dentro de nuestra organización
y un método que con el ejercicio podamos llevarlo a su más alto grado de perfectibilidad, cada día más.
Condiciones fundamentales de todo método
Cuatro son las condiciones fundamentales para todos los métodos: 1°) que sea simple, porque si es complicado no se cumple bien; 2°) que sea objetivo,
que vaya a una finalidad y que sepa lo que quiere; 3°) que se lo pueda utilizar permanentemente, que tenga estabilidad en la acción, y 4°) que sea perfectible, que en cada momento lo podamos perfeccionar.
Esas son las cuatro condiciones básicas de toda organización de métodos como
de sistemas. Es la base de toda la acción: simple, objetiva, estable y perfecta.
Si cumplimos esas cuatro condiciones, nuestro método, por simple que sea, por primario que parezca, será efectivo. Si no lo cumplimos, por ampuloso,
por grande y por científico que sea, nos llevará al fracaso.
En esto no hay que olvidarse la sentencia napoleónica, que es una de las cosas
más sabias que he oído atribuir a Napoleón. Preguntado por qué él siempre vencía a los generales austríacos, se limitó a decir: “Los generales austríacos saben
demasiadas cosas”. En esto, como decía también Martín Fierro, “el quid del hombre no está en aprender muchas cosas, sino en aprender cosas buenas
.
Continuando con la publicación de Conducción Politica, que fuera la Tercera clase magistral dictada por el Tte. General Juan Domingo Perón, ofrecemos este valioso material para la capacitación y actualización doctrinaria orientado a la formación de la nueva dirigencia que el Peronismo reclama. Hemos leido lo dicho entonces por Perón, que debemos tener presente. Principalmente los dirigentes que han de actuar. "Hoy no se puede admitir ni tolerar la conducción anarquizada de las partes, ya que es posible realizar la conducción centralizada mediante los nuevos métodos."